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Vinos para eventos, bodas y reuniones ¿Cuáles y por qué?

Vinos para eventos, bodas y reuniones ¿Cuáles y por qué?

Celebrar un banquete es un acto social donde tan protagonistas resultan los invitados como los platos y vinos que van a degustar. En especial, la elección de los vinos requiere tener en cuenta una serie de consideraciones que siempre garantizan el acierto.

En primer lugar resulta muy adecuado seleccionar varias propuestas de vinos para el evento incluyendo tanto blancos como tintos, incluso cabe la posibilidad de incorporar algún rosado y reservar un vino dulce para cerrar los postres. Sea como fuere, todos los vinos habrán de aportar un sabor rotundo aunque a la vez afrutado, pues así resultarán del gusto de la mayoría de los comensales. En definitiva, se busca que acompañen y complementen a los platos sin inmiscuirse en su degustación.

Si se trata de una comida copiosa, como suele suceder en los banquetes de boda, será el vino blanco el primero en servirse, los vinos jóvenes antes que los añejos, y vinos de paladar seco antes que dulces.

En general lo equilibrado es servir el vino blanco acompañando aperitivos y preparaciones ligeras como puedan ser ensaladas, los pescados, mariscos o carne blanca. También cabe la opción de destinar un blanco de crianza para entrantes de mayor relevancia digestiva o incluso un rosado, en cualquiera de ambos casos estos vinos han de conservarse moderadamente fríos.

Llegados los platos principales, la carne roja o los guisos, hará su irrupción el vino tinto, componente esencial de cualquier banquete. En función del número de años transcurridos para su envejecimiento en barrica los tintos se clasifican como: joven, roble, crianza, reserva o gran reserva. Para recetas invernales y preparaciones de cierta contundencia el recurso ideal es un tinto dotado de suficiente cuerpo y persistencia en boca, además de grado alcohólico. Crianzas o tintos jóvenes con toques de roble, de frutos rojos y negros, casan a la perfección con estofados y guisos tradicionales, legumbres y caza. Entretanto, son los espumosos y los vinos blancos de crianza los que más acertadamente ofrecen su balance entre frescura y complejidad a guisos de pescado y arroces melosos.

Al cierre de los platos, los postres conectan sensitivamente con algunos vinos espumosos semidulces o directamente con un vino dulce, que hará las delicias de los invitados a un banquete de bodas mientras degustan la imprescindible tarta.

Para un profano no es tarea sencilla calcular con tino de cuántas botellas hablamos a la hora de preparar un banquete nupcial. Una fórmula muy aproximada para el vino tinto es dividir el número de invitados entre 3, en el caso de vino blanco o espumoso la división será entre 2,15. Antes de decidir qué vinos y en cuanta cantidad debe conocerse con exactitud el menú elegido, pues los platos más suaves han de inspirar variedades de vino menos ricas en taninos, menos complejas y más afrutadas.

Habitualmente las celebraciones nupciales reúnen comensales de muy diverso criterio gastronómico, por ello la elección del vino será más certera si se elige algún vino de caracteres intermedios (crianza o reserva) elaborado con variedades de uva del gusto de la mayoría y por todos conocidas. También conviene seleccionar entre las denominaciones de origen más populares y apreciadas, o acudir a producciones justificadas por el origen de los anfitriones del banquete

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